En una noche que parecía destinada al desastre, Boca Juniors logró una remontada memorable ante Central Córdoba, convirtiendo un 0-2 en contra en un valioso 4-2 a favor. En tan solo 45 minutos, el equipo de Diego Martínez pasó de la confusión total a una versión sólida, determinada y eficaz, dejando atrás errores individuales, decisiones técnicas cuestionables y una primera mitad para el olvido.
El arranque fue preocupante. Boca mostró su cara más desordenada del año. Desde el inicio, el equipo fue superado táctica y anímicamente. Los goles del conjunto santiagueño fueron producto tanto de desaciertos defensivos como de desconexiones colectivas. Sergio “Chiquito” Romero, referente del equipo, quedó expuesto en ambos tantos. A su vez, los debutantes Mendia y Di Lollo no lograron afirmarse en una defensa desorientada.
Las decisiones del cuerpo técnico no ayudaron a clarificar el panorama. Tras la salida obligada de Advíncula por lesión, el reordenamiento táctico generó aún más incertidumbre. Marcelo Saracchi ingresó y ocupó el mediocampo izquierdo; Di Lollo se desplazó al lateral derecho, Pol Fernández bajó como central y Zenón pasó a jugar por la banda derecha. La estructura del equipo se desarmó, sin identidad ni fluidez. Central Córdoba supo aprovechar esa falta de equilibrio y pudo haber ampliado aún más la ventaja si hubiera sido más certero.
En ese contexto, el equipo no solo perdía frente a un rival que venía de ser goleado por River Plate. También parecía perder ante sus propias limitaciones, errores de conducción y falta de compromiso colectivo. La sensación era de un Boca extraviado, con el marcador reflejando fielmente lo que ocurría en el campo de juego.
Pero todo cambió tras el descanso. Martínez corrigió sus propias decisiones y devolvió al equipo a un esquema más lógico. Saracchi pasó al lateral derecho, Di Lollo y Mendia volvieron a la zaga central, Pol Fernández se reposicionó en el mediocampo y Equi Fernández se transformó en el eje del equipo. Zenón, por su parte, encontró espacios y empezó a pesar en el juego.
Con un equipo más armado y decidido, Boca salió a buscar el empate y lo encontró en cuestión de minutos. Primero, Equi Fernández marcó un golazo tras una exquisita asistencia de taco de Zenón. Poco después, Merentiel se reivindicó con una gran definición para igualar el partido 2-2. Ese cambio de actitud fue clave: el Boca del segundo tiempo mostró intensidad, presión alta y contundencia.
La remontada no se detuvo ahí. Lejos de conformarse con empatar, el equipo siguió atacando y encontró más espacios en una defensa rival que ya no lograba sostener la presión. Con un Equi Fernández en nivel de selección y un Merentiel encendido, Boca amplió la ventaja y selló el 4-2 definitivo, completando un segundo tiempo brillante.
El triunfo no solo le da tres puntos a Boca. También significa un alivio anímico y un mensaje claro: este equipo, pese a sus falencias, tiene carácter y herramientas para reaccionar. En una noche que pudo haber terminado en papelón, terminó celebrando una victoria indispensable.
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